De niña, cuando veía un payaso, pensaba que él
era hijo de un papá payaso y una mamá payaso y que incluso había nacido con su carita pintada; que un carabinero era hijo de mamá carabinera y papá carabinero y solo tenia ropita de uniforme verde; que las lindas bailarinas eran hijas de mamás bailarinas, y paseaban por todos lados con su delicado tutu rosa.
De esa forma entonces, implícitamente pensaba que nadie debía complicarse la vida por saber cual iba a ser su trabajo o su rol de mayor, sino que ya estaba todo definido.
Sin embargo, sin sentirme en contradicción, quería elegir que sería de mayor, sin pensar que debía dedicarme a lo que mi padre o mi madre hacían.
Ahora pienso que tal vez no estaba tan equivocada, ya que esto no dista mucho de la realidad.
Nacemos insertos en un “medio” que intentará, directa o indirectamente, mantenernos lo más parecidos a lo que nos rodea, y lo más atrapados en el modo de vida que hemos conocido.
Heredamos sin derecho a opinión y sin poner mucho cuestionamiento u oposición valores, creencias, gustos, cualidades, defectos e incluso los gestos de nuestros seres más cercanos, por eso, no es extraño que nuestra vida sea una continuación de la de nuestros padres.
A pesar de esto y afortunadamente, nuestras caras no nacen pintadas, ni nuestras ropas solo podrán ser uniformes o trajes de ballet, por lo que podemos construir nuestros caminos en la medida que nos lo propongamos. Nada está tan establecido como para no poder cambiarlo. Sin embargo, debemos saber que si elegimos un camino trazado, nuestro avanzar será tranquilo y fácil, pero quienes decidan avanzar a un lugar que no se ha preparado, deberán ser cautelosos, esforzarse más, descansar menos y no siempre esperar el mismo apoyo que se le brinda a lo tradicional.
Estamos tan acostumbrados a encasillarnos en límites tan pequeños. (Los matemáticos no pueden entender la filosofía, los filósofos no saben más que las cuatro operaciones básicas, los historiadores no sabrán nada de células ni moléculas y los científicos ni la fecha de la independencia; quien se dice inteligente y culto no puede disfrutar de un momento de tontería y superficialidad por que podría perder su inteligencia y quien posee clase no puede ni mirar a quien no alcanza su nivel por que… ¡quizás por que!) Pero independientemente de lo que nuestra cuna amarrara a nuestras espaldas, o de los límites que hayan trazado otros para nosotros, podemos ser lo que queramos ser y cuantas cosas queramos ser.
El límite lo ponemos nosotros.




Una respuesta para "Tu eres… yo quiero ser."
23:15 on Abril 28th, 2009
Si quieres llegar donde nadie más a llegado, debes seguir un camino que nadie más ha recorrido.