Se admite como un hecho comprobado el que la gente lee menos cada día que pasa, no en Chile, sino que en el mundo entero, y si lo hace, lo hace mal, carente de aprovechamiento ni mucho deleite por el contenido del contenido de las páginas. Sin ir más allá, basta en ponernos en la situación de tener junto a nuestra cama un libro y el control remoto de nuestra TV, la mayoría de las personas cogerían el control remoto.
Las causas de esta situación, creo que pueden ser múltiples, pero me resulta bastante cómodo, esencial e ingenuo el atribuirle toda o en gran mayoría la culpa a la TV. Si es que soy realista, los aficionados a ésta, si es que la TV no existiera, matarían de igual forma su tiempo en actividades como jugar a las cartas, discusiones en reuniones sociales acerca de lo humano y lo divino, entre otros. Por otro lado incluso pienso que la TV podría incentivar la lectura, sólo bastaría con integrar a la TV abierta, que es a la cual todos podemos acceder, un programa lo suficientemente atractivo como para atraer a los lectores, en vez de entontecernos con programas vacíos sin contenido alguno.
Paralelamente, los gobiernos, abdicados de sus funciones, agradecen, celebran y aplauden el hecho de que la masa se entontezca aplicadamente, anesteciandola para permitirle el fácil y mayor manejo de ésta.
EL sembrar esta afición por la lectura, resulta bastante difícil. Los niños de nuestro país, cada día están más arrojados al mundo, lleno de panoramas y actividades que resultan mucho menos improductivas que la lectura de un buen libro. Esto en Chile, no inquieta al momento de educar los hijos.
La culpa de que se haya perdido en significantes y preocupantes proporciones el hábito de la lectura, radica en nosotros, en nuestra decisión, ¿y porqué no mencionarlo?, en un paisaje en el que bastaría con servirle a precios asequibles, ediciones buenas de literatura de calidad, sería más fácil fomentar esta actividad. Es por esto que echarle la culpa del desastre que se dá en cuanto a la lectura a la TV, es bastante cómodo. La decisión está en nosotros, en no transformarnos en analfabetos.
“Analfabeto no es aquella persona que no sabe leer, analfabeto es aquella persona que sabiendo leer no lo hace”.
Hoy he estado conversando con un amigo, quien me comentaba lo difícil que ha sido tomar sus propias decisiones. Me ha contado que para él es simplemente desafiante señalarle sus puntos de vista a sus padres, quienes desde niños nos conducen por la vida, entregándonos herramientas que nos ayudan en circunstancias a llegar a la decisión más “correcta”.
Hace algún tiempo me sentí agobiada, triste, perdida y con pena.



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