Una de las cosas que he aprendido estos últimos días es la importancia de no confundir la “emoción” con la “inteligencia” al momento de dirigir.
Tener la mente fría y el corazón ardiendo leí de mi amigo Nico Orellana una vez.
El problema ocurre cuando el corazón arde tanto que te ciega, lo cual creo puede darse seguido en los emprendedores, ya que en su gran mayoría tienen una “enfermedad; son positivos en extremo y tienden a verle el lado bueno a todo.
Cuando lo anterior se da en varias personas al interior de la organización, el problema puede ser mayor. Tomar decisiones sobre un prisma de positivismos sobre datos que ya vienen cargados a lo positivo puede matar el sueño.
El corazón debe arder para que encienda la pasión que pone en marcha al motor, sin pasión no hay movimiento, pero el movimiento sin dirección produce graves accidentes. Nuestra inteligencia debe estar funcionado al máximo para poder controlar y dirigir toda la energía generada por la pasión, permitiéndonos así llegar seguros a nuestro destino.
En una sociedad, en donde muchas veces sería necesario agregarle unas cuantas horas a nuestro día, creo que a éste, no se le da el valor merecido.
Luego el orador respondió la incógnita, pisoteando mi obviedad… las personas no son objetos, para que podamos considerarlas un recurso, no las tomamos, las usamos como queremos y después las botamos. -y creo que eso es lo que no se ha entendido en muchas empresas y las ha convertido en malas empresas.- Los verdaderos recursos humanos, son las habilidades y capacidades de los trabajadores de las empresas. El comprender esto, es como un click en un botón de despegue, ya que eso, permite que no solo se espere efectividad de alguien en el ámbito para el cual fue contratado, sino, que se aproveche todo su potencial, lo que significan ganancias tanto para la empresa como para la persona.



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